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Las reformas pueden irse al carajo

Publicado: 2018-12-05

Luis Rodríguez – RMMA / 07 de Diciembre de 2018 

El referéndum como arma política, nace de la demanda popular de una mayor participación en las decisiones políticas “cognitive mobilisation” y el creciente descontento de la ciudadanía hacia las instituciones representativas.

EL referéndum a lo largo de la historia, ha sido empleado para legitimar regímenes autocráticos y subvertir los ideales democráticos, por ello nos preguntamos ¿Puede el referéndum fortalecer el compromiso ciudadano en procesos democráticos? 

Claro que sí, dentro del más amplio funcionamiento de una democracia representativa, pero ese no es nuestro caso. ¿O es que alguien, en su sano juicio, se siente representado por la cúpula parlamentaria que nos gobierna? 

¿Puede el referéndum, mejorar la calidad nuestra actual democracia parlamentaria, con el material humano que tenemos?

Definitivamente, ¡no! 

El referéndum busca archivar la iniciativa del deseo ciudadano de exigir una Nueva Constitución, mediante el recojo de firmas, para frenar de una vez por todas la situación de corrupción del país, ante la imposibilidad de lograr que este Congreso que adolece de criterio, sin control ni responsabilidad alguna con el país, esté en condiciones de aprobar los mandatos como leyes.

Por otro lado, las reformas planteadas por el gobierno en poco tiempo perderán legitimidad por ser solo parches para reforzar un sistema que se cae a pedazos y que solo buscan el acomodo de la mayoría gubernamental, frente a un estado de ánimo pasajero, de una población aturdida por el atosigamiento de una prensa mediática, junto a los organismos del estado, que busca por todos los medios preservar el viejo orden establecido.

No nos engañemos, el Presidente Vizcarra -a pie juntillas-, sigue la línea trazada por el depuesto expresidente Pedro Pablo Kuczinsky, que es la misma línea seguida por los cuatro últimos gobiernos.

Vizcarra pudo irse por la puerta grande de la política, pero prefirió la puerta falsa de servicio, para preservar el “orden legal” de una “democracia representativa”, liderada por sátrapas que qué defienden a rajatablas, un sistema neoliberal impuesto por una dictadura con el beneplácito de Washington.

El gobierno heredado por Martin Vizcarra, fortalecido por el descalabro político sufrido por las

huestes fujimoristas, ante la ruptura de su bancada mayoritaria en el congreso y con su líder

Keiko Fujimori en prisión; ha perdido la gran oportunidad de pasar a la historia como el abanderado de la lucha contra una envilecida casta política, convocando a una Asamblea Constituyente para hacer una Nueva constitución que reemplace a aquella que en 1993 fue hecha a imagen y semejanza de una mayoría autocrática y que sentó las bases de un modelo económico neoliberal, corrupto y entreguista.

Solo una nueva carta política podrá terminar con el dominio neoliberal de este sistema corrompido hasta el tuétano y romper el poder de una mafia empresarial que antepone sus apetitos económicos contra el futuro de bienestar y democracia para todos los peruanos.

El país necesita una verdadera transformación radical y profunda, de todo el sistema político y económico, de ahí la tarea histórica de impulsar la convocatoria a una Asamblea Constituyente, teniendo en cuenta de que no podemos salir de una constitución de origen ilegítimo planteando otra de origen igualmente ilegítimo; por ello se hace necesario, declarar la nulidad de la “carta magna” de 1993, poner en vigencia la carta política de 1979 -para evitar el vació legal- y de allí proceder a convocar a una Asamblea Constituyente, que será la encargada de elaborar la aprobación definitiva del nuevo texto constitucional.


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RESISTENCIA

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